AMÉRICA

Todo el mundo sabe que el nombre del país más poderoso del mundo, América, fue tomado de uno de los navegantes que siguieron las huellas de Colón, el florentino Américo Vespucio; pero muy pocas personas saben que el «padrino», o culpable de que este Continente se llamará América, fue un geógrafo llamado Martín Waldseemüller.

El bautizo del recién hallado Continente, tuvo lugar en la Corte del duque Renato II de Lorena, donde prestaba sus servicios este geógrafo, hijo, por cierto, de un carnicero de la ciudad de Radolfzoll, a orillas del lago Constanza.

Martín Waldseemüller preparaba la edición de una «Introducción a la Cosmografía», en la cual había de figurar, debidamente rectificado, el «Atlas de Ptolome».

Por aquel tiempo estaba muy reciente la muerte de Colón, cuya gloria se encontraba en gran parte oscurecida por las fabulosas descripciones que de sus viajes había comenzado a publicar Américo Vespucio.

La fantasía de este marino era verdaderamente extraordinaria y muy superior, desde luego, a su amor a la verdad y al rigor científico. Baste decir que pretendió haber pisado la tierra de América en 1491, o sea, un año antes de que Colón la descubriera, cuando en realidad, y para no quitarle los méritos que en la historia le puedan corresponder, lo que hizo este navegante fue que, navegando bajo bandera portuguesa, llegó a Brasil a finales del año 1501, rodeó la Patagonia y comprobó que las tierras descubiertas no eran una prolongación de la península asiática, sino un nuevo Continente.

Este viaje fue narrado por Américo Vespucio en una extensa carta que dirigió a Lorenzo di Pier Francesco de Medici, editada en París en el año 1502 bajo el título de «Mundus Novo».

Esto no era obstáculo, en aquella época de difíciles comunicaciones, para que Américo Vespucio fuera, en general, considerado como el descubridor de América. Nada más lógico, por lo tanto, que Waldseemüller, al describir el Mundus Novo en el mapamundi, la bautizara con el nombre de su supuesto descubridor.

Años después, Waldseemüller reconoció el error sufrido, pero ya no pudo hacer nada para corregirlo porque su mapamundi había sido introducido y popularizado en todo el mundo con el nombre de América.

Si este geógrafo no se hubiese equivocado, Irak no hubiese sido atacada por Los Estados Unidos de América sino por Los Estados Unidos de Colón.

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