63 DOCUMENTOS TEMPLARIOS
En los tiempos en que estos documentos fueron fechados, la Orden del Templo de Salomón era la comunidad más solicitada para entrar en ella, ya fuese para profesar, para ser cuidado por los hermanos en caso de estar enfermo o herido, o, simplemente, para acabar sus días dentro de los muros de sus conventos y para ser después enterrados en sus cementerios.
Esta desmedido afán por estar en las casas de la
Milicia del Temple o de morir en ellas, fue, sin duda, aprovechado por los
frailes soldados para quedarse en heredad la mayor parte de los bienes del
solicitante. Y esto lo decimos sin acritud y sin ánimo de crítica, ya que
igual que hemos comenzado diciendo que no creemos que fueran los demonios que
algunos interesados autores nos han querido dar a conocer en sus escritos,
tampoco creemos que fueran los ángeles que otros idealistas nos han querido presentar en sus obras. Nosotros creemos y
hemos mantenido siempre que eran simples hombres, con sus defectos y sus
virtudes, con sus penas y sus glorias... Unos hombres cuya única misión en el
mundo fue ir día a día acumulando riquezas non
nobis; es
decir, no para ellos, sino para mayor gloria de Dios, porque llegaron a entender
a través del tiempo que la mejor forma de servir a Dios, cuando no la única,
era desde el poder y desde la autonomía que proporcionaba el dinero, bajo cuyo
sólo nombre vieron inclinarse a los reyes y a los papas.