Para sacar a Manuel Fraga de la Xunta, han tenido que
juntarse las dos fuerzas más numerosas de Galicia. El viejo gladiador pasa
ahora a la oposición. Pero quienes crean que don Manuel está derrotado, están
muy equivocados. Los que tenemos la suerte de conocer al viejo gladiador sabemos
que como buen luchador nunca rinde sus armas ante nadie, así como también
sabemos que de la arena política no lo apartará el Bloque Nacionalista Galego
ni el el Partido Socialista de Galicia, sino, sola y exclusivamente la llamada
del Sumo Hacedor, porque los buenos luchadores mueren con las botas puestas.
Trabajo, honradez y ánimo de servir fueron siempre sus divisas. Y las personas
que saben valorar estas cualidades fueron, y han sido ahora, quienes lo han
votado por mayoría. Políticos que no habían nacido todavía cuando Manuel
Fraga ya ejercía la política, están ahora en la cárcel o saliendo de ella
por haberse enriquecido ilícitamente, sin que nadie haya podido aún acusar al
viejo gladiador de haberse llevado de la administración ni una sola peseta.
La vejez, arma que sus
adversarios han usado con mucho énfasis para destronarlo, como si el ser viejo
fuese un delito o un obstáculo para gobernar, es, en este momento, su mayor
valor. Él tuvo la suerte de ser educado en una época en que la moral constituía
una fuerza orientadora para saber cómo había que comportarse. Nadie ponía en
duda en aquellos tiempos, a pesar de las discusiones que pudieran darse en torno
a determinados planteamientos y soluciones, la validez de la normativa que debía
de regir la conducta humana. Si en la sociedad antigua hubiesen considerado la
vejez como traba, en vez de contemplarla como aliento divino lleno de
experiencia aprovechable, el mundo actual estaría privado hoy de los mejores
trabajos de Tiziano, que fueron pintados a partir de los 80 años de edad; o de
esa prestigioso obra de Sófocles,
titulada: «Edipo en Colonna», que fue escrita cuando el autor había cumplido
ya los 84 años de edad. La experiencia que don Manuel ha adquirido durante su
larga andadura por este mundo, es un provecho que ni el Bloque Nacionalista
Galego ni el el Partido Socialista de Galicia, podrán ofrecer a su pueblo. Y
eso lo sabía muy bien aquel filósofo que decía: «Daría con gusto la mitad
de la ciencia que me sobra, por adquirir la experiencia que me falta».