ÓRDENES MILITARES

Algunas personas que han leído mi reciente libro titulado «El último secreto de los caballeros templarios», una novela histórica cuyo argumento se basa principalmente en esta orden militar y religiosa, editado por K.R., me han manifestado que sería ciertamente curioso publicar un artículo que hablara de las órdenes militares que en algún momento de la historia estuvieron en esta hermosa tierra de Murcia.

Como vislumbro que es una curiosidad que a muchos les puede interesar, voy a describir, por orden alfabético, todas las órdenes que pisaron este fértil suelo de Murcia. Aunque, como siempre ocurre con esto de los artículos, tenga que resumir, por exigencias de espacio, las explicaciones históricas de cada una de las órdenes que a continuación relaciono. No obstante, si cualquiera de ustedes estuviera interesado en conocer con más profundidad la historia de las órdenes que hoy les describo, o de alguna de las más de 350 que existieron en toda la Europa cristiana, escriban al director detallando nombre, apellidos y dirección, y yo les contestaré complacido.

            Alcántara. Esta orden fue fundada en 1176 por Fernando II, con el objeto de formar una institución de caballería que luchara contra los enemigos de Cristo. Tomaron parte en la conquista de Murcia y tuvieron convento en ella.

            De la Banda. Fue creada en 1330 por Alfonso XI, rey de León y de Castilla, para impulsar a los grandes señores de su reino a defender la religión católica. Sólo eran admitidos en ella los hijos de las familias más ilustres, pero bastaba que cualquiera usase la banda, que era de tafetán carmesí, y saliera victorioso del duelo o desafío que dos caballeros de la orden se encargaban de supervisar, para que fuesen admitidos en ella. Cuando el rey visitaba Murcia, era acompañado por una escuadra de estos caballeros.

            Calatrava. Don Sancho III, apodado el Deseado, conquistó la villa de Calatrava, y teniendo noticia de que se estaba armando un numeroso ejército de infieles para recuperarla, hizo pregonar que la daría por heredad a cualquiera que se atreviera a defenderla. Dio la casualidad de que se encontrara en la Corte el abad de Santa María de Fitero, de la congregación cisterciense, que aceptó, en nombre de su comunidad, dicha oferta. El abad organizó la nueva orden militar y la dividió en dos clases: una para el servicio divino y la otra para el manejo de las armas. Estableció también los estatutos y arregló el hábito para que fuese cómodo en la batalla. Participaron en la conquista del Reino de Murcia, lo defendieron después y tuvieron convento en él.

            Montesa. Después de la extinción de la orden del Temple, los soberanos cristianos se vieron en la necesidad de fundar de nuevo alguna otra orden militar con el objeto de que le ayudasen en las batallas contra los infieles. Jaime II, instituyó, y el Papa Juan XXII aprobó en 1317 la orden de Montesa. Cuando Jaime II apoyó a los infantes de la Cerda y conquistó para Aragón la margen izquierda del río Segura, que comprendía entre otras ciudades Alicante, Elche y Orihuela, le acompañaban caballeros de esta orden.

            San Juan Bautista. Los cruzados instituyeron esta orden en tierra santa en el año 1205 con el fin de defender a los cristianos contra los ataques de los infieles. Fue aprobada por el Papa Alejandro IV, y se le concedieron muchos privilegios. Esta orden estuvo en Murcia porque el rey de Castilla, Alfonso IX, solicitó su ayuda para defender su reino y para intentar conquistar otros, entre ellos el Reino de Murcia, que en aquellos tiempos estaba ocupada por los árabes.

            San Juan de Jerusalén. Esta orden, cuyo primitivo nombre fue Caballeros hospitalarios de San Juan de Jerusalén, luego Caballeros de Rodas, y más tarde Caballeros de Malta, fue en su principio una cofradía de personas caritativas y piadosas que, compadeciéndose de las penalidades que sufrían los peregrinos cristianos que visitaban los santos lugares, se reunieron a instancias de uno de sus miembros, llamado Gerardo Tunc, más conocido por el apodo de «el padre de los pobres», y fundaron, en 1099, un hospital en Jerusalén para recibir y cuidar a los enfermos y heridos. Tuvieron convento en Murcia.

            Santa María. Esta orden que fue fundada en 1272 por Alfonso X el Sabio, y que fue puesta bajo la protección de Dios y de su Santísima madre, fue creada para proteger las costas del mar Mediterráneo ante los frecuentes saqueos de los piratas berberiscos. A los pocos años de su fundación, en 1283, fue incorporada a la orden de Santiago. Tuvieron convento en el reino de Murcia, teniendo la especial obligación de defender el puerto de Cartagena, el puerto de Los Alcázares, la vigilancia del mar Menor y la protección de los pescadores que faenaban en La Encañizada.

            Santiago de la Espada. Esta orden, una de las más célebres, más ilustre y más ricas, que apareció en España allá por el año de 1170, en cuya época se edificaron varios hospitales en el camino de Santiago de Compostela, con el objeto de socorrer al gran número de peregrinos que continuamente eran asaltados por los árabes, dueños, en aquellos tiempos, de la mayor parte de España. Ayudaron a conquistar el reino de Murcia, y desde sus conventos lo protegieron de las incursiones árabes.

            Temple. Esta fue, injustamente, una de las más desacreditadas órdenes de caballería. Fue fundada en el año 1118 para, desinteresadamente, acompañar y proteger a los peregrinos que se dirigían a Tierra Santa. El rey de Jerusalén Balduino II permitió que estos caballeros se estableciesen en el atrio del templo de Jerusalén, de donde tomaron el nombre. Colaboraron activamente en la conquista del Reino de Murcia, fueron durante muchos años sus ángeles de la guarda, y tuvieron varios conventos en él. Para una información completa sobre esta orden y una demostración sería y muy investigada de su inocencia, les remito al libro: «El último secreto de los caballeros templarios».

            Trujillo. Orden militar creada en España en el año 1190. Dejó de existir a los pocos años de haber sido fundada, ya que en 1196 fue incorporada a la orden de Calatrava por disposición de Alfonso VIII. Su objeto era acompañar al rey siempre que salía de la Corte; y los caballeros usaban por divisa una estrella de plata. Acompañaron al rey en una o dos ocasiones que atacaron la frontera entre el Reino de Murcia (ocupado entonces por los árabes) y el de Castilla.

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