PRESENTACIÓN DE LA EXPOSICIÓN DE LA PINTORA "VERA"

Resu Pérez Vera, a quien hoy tengo el gusto de presentar, es una pintora que ya está dispuesta para entrar en el Olimpo de los buenos pintores.

Ella es murciana, nacida y criada entre los diez mil colores que adornan la huerta de Murcia, y entre la belleza natural que se desprende de los paisajes del Campo de Cartagena.

La obra de Vera es la obra de una intelectual de la pintura. Cuando ustedes vean sus cuadros, podrán pensar que la fuerza y la autosuficiencia que se desprenden de ellos es parte de su propia personalidad, pero no es así, ella esa, como todos los genios, tímida y reconcentrada.

Quizás ustedes estén pensando que yo exagero cuando catalogo de intelectual la obra de la pintora, pero me darán la razón cuando la observen detenidamente. Uno de sus cuadros, el que lleva por título: «La Javiela», nos revela la razón de lo que afirmo. En él verán ustedes sentada a la puerta de su casa a una anciana con los brazos cruzados. Parece que tiene frío. Sus menudos pies asoman donde termina la silla, y están calzados con zapatillas negras. Los ojos de la vieja están llorosos. El rostro, más bien alargado que redondo, nos muestra los estigmas que el dolor, el trabajo y el sufrimiento han ido esculpiendo en él... Hasta aquí todo es normal en el cuadro, pero su intelectualidad comienza cuando nos damos cuenta que, además de todo lo expuesto, también podemos escuchar el piar de los pájaros que en el alero del tejado descansan, oír el susurrar del viento que remueve los blancos cabellos de la indiferente anciana, y oler el aroma de los jazmines y de las magnolias que crecen en el jardín...

Y me seguirán dando la razón cuando observen en su obra algo tan insignificante como las nubes. Verán ustedes nubes redondas, henchidas de un blanco brillante, que destacan en las montañas y sobre los cielos traslúcidos. Verán ustedes nubes alegres que se perfilan en el horizonte, nubes de carmín y de oro que destacan en los ocasos que parecen inacabados, nubes pequeñas como velloncitos iguales e innumerables, que dejan ver por algún claro un pedazo de cielo; otras pasan rápidamente. Algunas, de color ceniza, cuando cubren todo el firmamento, dejan caer sobre la tierra una luz opaca, tamizada, gris, que nos revelan, a todas luces, la intelectualidad pictórica de nuestra pintora.

Ahora ya sólo me resta darle las gracias a Vera por haber elegido a este humilde escritor para que hoy la presentara, y desearle a todos ustedes que disfruten con la exposición como yo ya la he disfrutado.

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