Cuando
en el inicio de los años sesenta, el papa Juan XXIII decide hacer
posible el matrimonio sacramental de un sacerdote por la
concesión de una dispensa, la Iglesia latina entra en una nueva
fase, y probablemente definitiva, de la larga y trágica historia
del celibato obligatorio.
Sin
duda esta dispensa se encuentra todavía ligada a una
"reducción al estado laical", que debe ser acordada
sólo por el Vaticano, y una serie de condiciones inhumanas
contenidas en el rescritpto. Volveremos más adelante sobre el
doble contrasentido escondido en esta fórmula.
ANTES
DEL CONCILIO VATICANO II
Los
orígenes de esta historia se remontan al siglo IV. En la iglesia
primitiva el matrimonio del sacerdote, del obispo, e incluso del
papa, no planteaba ningún problema.
Es
sólo a partir de los años 350-400 que concilios regionales y
decretos de los papas Dámaso y Siricio, aceptan aún la
ordenación de hombres casados, pero que prohíben al sacerdote,
una vez casado ordenado, de casarse o de volverse a casar.
En
los siglos siguientes, y esto hasta el siglo XII, otras etapas van
a seguir.
Primero,
al inicio del siglo V, a los sacerdotes casados se les ruega no
tener relaciones sexuales antes de celebrar la Eucaristía, es
decir de observar una pureza ritual, lo mismo que el sacerdote
judío en el templo. Un siglo más tarde, es la prohibición
absoluta que los sacerdotes casados tengan relaciones sexuales con
su mujer legítima.
En
el año 1060 el papa Nicolás II decreta que los sacerdotes
casados deben despedir a su mujer, o bien ser destituidos de su
función.
Un
poco más tarde, 1089 después de un concilio regional de Amalfi,
Urbano II declara que, si el sacerdote se niega a echar a su
mujer, los reyes tendrán autorización para hacerlas esclavas, y
librar así al sacerdote.
Finalmente,
el concilio de Letrán II en 1139 declara que la ordenación al
subdiácono hace inválido todo matrimonio, y por consiguiente que
el celibato se vuelve obligatorio para el sacerdote.
¡Siete
siglos de represión contra el matrimonio del sacerdote! Una
historia trágica ignorada por la mayoría de los fieles actuales.
Una página negra del pasado de la Iglesia, que tiene su lugar
entre otras páginas tristes mejor conocidas: la persecución de
los judíos, la muerte de las mujeres hechiceras, los herejes, la
inquisición, la simonía, los abusos del poder... La ley
promulgada por Letrán II no acaba con la historia del sacerdote
casado. Esta materia resulta ser uno de los aspectos importantes
de la Reforma del siglo XVI.
Libros
recientes, como el de Peter de Rosa, S.J. "Los Vicarios de
Cristo" (1988); o el de Uta Ranke-Heinemann: "Eunuchen
des Himmelreiches" nos dan una idea de lo que la Iglesia
enseña e impone en el dominio de la sexualidad humana desde el
siglo IV hasta los tiempos modernos... ¿Cómo explicar esta
concepción inhumana del matrimonio y de la sexualidad del lado de
los que pretenden anunciar la buena nueva?
Las
razones son múltiples: la repercusión de ideas neoplatónicas y
agnósticas que consideran la mayoría del cuerpo humano y la
represión sexual como un mal en sí y en el origen del pecado
original; la concepción del sacerdote como un ser sagrado,
superior, no admitiendo la mancha de la carne; el desprecio y la
discriminación de la mujer; la necesidad de salvaguardar la
posesión de los bienes de la Iglesia...
LA
POLÍTICA DEL VATICANO
Volvamos
a Juan XXIII. El Código de Derecho Canónico, publicado en 1917,
no habla en ningún lugar de una manera explícita de una dispensa
posible. Aún en 1949, la Comisión de la interpretación del
Código publica un documento diciendo que una dispensa del
celibato de juzga en principio imposible, salvo en casos
excepcionales.
Hay
que esperar al año 1964, hacia el final del Concilio Vaticano II,
para que Pablo VI ejecute la decisión su predecesor y fije las
normas y directivas precisas para la obtención de la dispensa.
Estas directivas no se publican y quedan secretas hasta 1972. Lo
que no impide que esta puerta abierta va a provocar un flujo de
decenas de millares de solicitudes.
LAS
CONSECUENCIAS
¿Qué
es lo que ha pasado de hecho en la base durante este periodo
post-conciliar de los años 1962-1993? El problema del celibato
obligatorio ligado al ministerio, no es sin duda el aspecto más
importante de la puesta al día soñada por Juan XXIII. Tiene sin
embargo una repercusión profunda en la Iglesia entera que está
en el origen de una serie de consecuencias.
Basándonos
en los datos disponibles, la Federación ha evaluado esta cantidad
entre 90.000 y 100.000. La curia misma ha publicado en 1992 la
cifra de 60.000 dispensas. Hay que añadir la cantidad de los que
han salido, sobre todo desde que Juan Pablo II es papa, sin pedir
una dispensa: a estimar entre 30 y 40 mil.
En
América Latina y en las Islas Filipinas, países católicos desde
hace mucho tiempo, la Iglesia no ha conseguido nunca reclutar un
clero suficiente. Después de cinco siglos de misión, un clero
indígena es aún prácticamente inexistente, y durante los años
60 Roma ha tenido que hacer un llamamiento a los sacerdotes "Fidei
Donum" reclutados en el Norte. En África, las excepciones
confirman la regla, las comunidades cristianas crecientes están
desprovistas de un clero suficiente desde la marcha de las
misiones.
Una
cantidad siempre creciente de parroquias sin sacerdote
residencial, o sencillamente suprimidas. Los sacerdotes están
encargados de varias parroquias, o las parroquias están
agrupadas. Se evoluciona hacia la misma situación que en los
países de misión. La eucaristía dominical se reemplaza por
celebraciones litúrgicas dirigidas por laicos.
LAS
CAUSAS
¿Cómo
explicar este éxodo de sacerdotes desde el Vaticano II y la
desaparición de las vocaciones?
Las
autoridades de la Iglesia han atribuido a menudo la causa de estos
fenómenos a la falta de fe y de generosidad de los sacerdotes, y
a la falta de fe de los padres en la educación de los hijos.
Sin
duda el celibato obligatorio lo ha sido en gran parte; así como
una serie de elementos como las concepciones a propósito del
matrimonio, de la sexualidad, de los derechos del hombre... Sin
embargo, es evidente que tres factores han tenido una influencia
capital desde 1960:
-
La
tragedia de la democratización y el abandono de una Iglesia
piramidal.
-
La
secularización de la Iglesia y el acento puesto sobre el
mundo.
-
La
desmitologización del mensaje cristiano.
Estos
tres factores tienen sus raíces en las corrientes fundamentales
que desde el siglo XV se han producido en nuestro mundo moderno.
Primero
la valorización del cuerpo humano. El respeto del cuerpo humano y
de la sexualidad, de la inteligencia y de la ciencia, pero sobre
todo de la libertad humana. Ha provocado sucesivamente la
emancipación del ciudadano en el Estado, del obrero, de la mujer,
de los jóvenes y del Tercer Mundo.
El
Vaticano II ha sufrido la influencia de todo esto en su
Constitución 2 sobre la naturaleza de la Iglesia (Lumen Gentium).
La Iglesia no es una pirámide sino el Pueblo de Dios, el "laos"
obispos y sacerdotes forman parte de este "laos", son
todos laicos y servidores de la comunidad. No hay casta sagrada
superior de obispos y sacerdotes. Una "reductio ad statum
laicalem" no tiene ningún sentido.
La
mujer es igual al hombre, y tiene derecho a acceder al servicio,
es decir, al poder y al ministerio.
La
primera misión del sacerdote es desde entonces estar al servicio
de la comunidad para confirmar su fe, inspirarla y dirigirla en la
vida familiar, social, pública...
El
tercer factor, la desmitologización del mensaje cristiano, es una
consecuencia del estudio científico del Nuevo Testamento y del
pasado de la Iglesia. Este estudio tiende a prácticas debidas no
a una revelación, sino a la cultura de este tiempo: por ejemplo,
sobre la autoridad, la sexualidad humana, las relaciones
sociales...
Y
ya por último, tengo que decir que esta transformación profunda
de la Iglesia durante los últimos decenios de este siglo, no se
ha realizado sin dolorosos conflictos, y en primer lugar en la
vida de los mismos sacerdotes. De hecho, la salida de miles de
sacerdotes ha sido también un factor doloroso pero en el fondo
últil en este "aggiornamento".