EL AUTÓMATA

José Luis Carod-Rovira ha sido uno de los pocos políticos que han sabido encontrar en esta legislatura su particular Grial. Como en el famoso cuento del «Evangelio de Tao», don José Luis, poco a poco, ha ido construyéndose un muñeco humano que siempre obedece la voluntad de su dueño. Dice el famoso cuento que un gobernante le presentó a sus simpatizantes una obra que él mismo había construido. «¿Quién es ese hombre que te acompaña?» --preguntaron los presentes--. «Ésta es mi obra. Puede cantar y puede andar». Los asistentes miraban la figura con asombro, pues andaba con pasos iguales, reía y movía la cabeza de arriba abajo; tanto, que cualquiera lo hubiera tomado por un ser vivo. Entonces, su dueño, le tocó la barba y comenzó a cantar; le apretó la mano y empezó a bailar al compás de su canto. Los presentes y cuantos le acompañaban no podían dar crédito a lo que estaban viendo...

Debido a estos insólitos hechos, las críticas contra el señor Carod-Rovira han arreciado y han caído contra él como una tormenta de verano. Pero yo no sé por qué. No sé por qué la gente la toma con él, cuando en realidad lo que este hombre está haciendo es la política que más le conviene. Nada era este hombre hasta que descubrió su particular Grial. Antes de que decidiera reunirse con la cúpula de ETA en Perpignan, sólo tenía un diputado; después de celebrar esta reunión, pasó de uno a ocho. Y su celebridad ha llegado casi al colmo cuando, a través de su muñeco humano, ha conseguido que el valenciano sea reconocido como catalán. Y no quiero ni siquiera pensar a dónde podrá llegar este hombre en el momento en que se cambie nacionalidad por Nación. Posiblemente hayan otras necesidades más urgentes en Cataluña, y quizás pudieran decir algo sobre ellas ancianos y viudas que tienen que hacer malabarismos para llegar a fin de mes, pero, miren ustedes, parece ser que el hecho de fastidiar a los valencianos y otras chorradas similares dan más votos que tratar de solucionar las verdaderas necesidades. Por eso digo que Carod-Rovira no tiene la culpa. Porque igual que tenemos televisión basura porque hay una mayoría de teleespectadores que la sustentan, tendremos que tener esta clase de política mientras haya dirigentes que la sirvan y electores que la voten.

 

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