LA ACCIÓN DE LOS SACERDOTES CASADOS

Hasta comienzos de los años 70, el sacerdote casado y dispensado ha sido considerado como un desertor, un judas, un infiel entregado al desprecio del público católico, expulsado de su parroquia , de su diócesis, es la vergüenza de sus padres. Sale a menudo sin estar cualificado para otro trabajo, sin residencia, sin trabajo, sin seguridad social. Frecuentemente su mujer pierde también su empleo y comparte su suerte de paria social. Él se esconde, a menudo, incluso de sus propios hijos.

No es extraño que durante años el sacerdote casado haya desaparecido de la sociedad. Es sólo a finales de los años 60 que aparecen en Europa los primeros grupos de sacerdotes casados. Todavía disponemos de pocos datos sobre el comienzo de grupos de sacerdotes casados. El "Advent group" de Inglaterra es probablemente el primero que aparece hacia los años 1967. En Francia se crea un grupo en París en junio de 1969. El grupo "Inspraak", grupo flamenco de Bélgica se fundó en el 8 de junio de 1969 por una treintena de sacerdotes casados y célibes, entre los que se encontraba el profesor G. Daneels. Durante los años 70 muchos países siguen el ejemplo..

Dos "signos de los tiempos" se toman como puntos de referencia para este avance: La Iglesia como Pueblo de Dios y su misión de transformar en el mundo el espíritu de Jesús.

La primera lleva a la igualdad de los miembros, al rechazo de una casta superior clerical, al acceso de la mujer al ministerio presbiteral y a la participación de los miembros al poder. El segundo tema define el ministerio presbiteral como un servicio de la comunidad, en primer lugar como un servicio de los hermanos y hermanas en el mundo, en segundo lugar como un servicio de las actividades culturales (La Eucaristía, los sacramentos...)

Inspirado por esta orientación dada por Vaticano II, se proponen tres vías de renovación del ministerio del sacerdote:

  1. El acceso de la mujer a la plenitud del ministerio presbiteral, la reserva exclusiva al sexo masculino considerado sin ningún fundamento teológico y una discriminación fundada sobre concepciones culturales superadas.

  2. La participación de la comunidad en la elección y el nombramiento de los sacerdotes y de los obispos. Esta participación, ya practicada en la Iglesia primitiva, va ratificada con una ordenación sacramental del obispo, ministro de la unidad. Esta participación supone la elección de hombres y mujeres maduros "viri et mulieres probati" en el seno de la comunidad.

  3. La secularización del ministerio presbiteral. La misión fundamental del ministerio presbiteral es el servicio de los hermanos y hermanas en el mundo, es decir, la animación y la dirección de la comunidad en su tarea de transformar el mundo de la familia, del trabajo, de las estructuras económicas y jurídicas y de su gestión política. Las tareas culturales no se ejercen más que en función de esta misión primordial.

Toda comunidad humana tiene una necesidad natural de animadores y de responsables: un hecho consagrado por Jesús por la elección y la misión de los doce. Es necesario, pues, para el ministerio presbiteral hombres y mujeres, casados o célibes, obreros, maestros, en todos los dominios, social, científico y político.

Esta tendencia que se manifiesta en varios países, considera que el bautismo es suficiente para acceder al ministerio presbiteral. Sin duda alguna nos queda todavía mucho que hacer para sensibilizar y movilizar al Vaticano para que lleve a efecto los siguientes puntos:

  • La obtención de una dispensa más asequible para los que lo deseen. Todo cambio depende sólo del papa, ¿cómo tener una influencia sobre esta política del Vaticano.

  • La ayuda a las mujeres implicadas en una relación clandestina con un sacerdote todavía en funciones, ¿Qué hemos hecho por ellas? ¿Qué podemos hacer?

  • La abrogación del celibato obligatorio.

  • La ordenación de la mujer y su acceso a todos los niveles del poder. No es realista esperarlo antes de diez o veinte años, y todavía será necesario un esfuerzo constante de información del público.

  • La abrogación de la ordenación sacramental del ministerio presbiteral y el acceso a todas las ministeriales sobre la base del simple bautismo, como propuesto por algunos, nos parece irrealista y sin futuro. No responde al "depositum" de la Iglesia.

Así, pues nos queda un largo camino, pero tendremos que andarlo.

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